porque las ofrendas son transparentes. De repente estás mirando un ave desde la distancia. Te sorprende la singular agudeza de sus puntas, las delicadas formaciones de sus ocasos, su planeación magistral... su olor. Pero luego descubres que esa ave es apenas parte de un museo. Y te quedas con la carne, la deliciosa decadencia, la crujiente singularidad de un hombre real. De un ave real que se ofrenda a ti sin la siposición prepotente de cambiarte.
porque las ofrendas son transparentes. De repente estás mirando un ave desde la distancia. Te sorprende la singular agudeza de sus puntas, las delicadas formaciones de sus ocasos, su planeación magistral... su olor. Pero luego descubres que esa ave es apenas parte de un museo. Y te quedas con la carne, la deliciosa decadencia, la crujiente singularidad de un hombre real. De un ave real que se ofrenda a ti sin la siposición prepotente de cambiarte.
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